abril 18, 2026

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Iván Morales, de debutar en ‘Poblenou’ a cineasta de éxito, pasando por ‘Nissaga’

El actor y director catalán ha forjado una carrera de fondo, demostrando que es posible reinventarse tras un éxito arrollador en la televisión catalana

La memoria televisiva de toda una generación en Catalunya tiene un rostro grabado a fuego. Es el de un joven actor que, a mediados de los noventa, se convirtió en una cara muy conocida. Hablamos de Iván Morales, cuyo personaje en una mítica serie lo catapultó a una fama casi instantánea.

Sin embargo, su trayectoria posterior demuestra que aquel fue solo el primer capítulo de una carrera mucho más polifacética. Morales supo navegar las turbulentas aguas del éxito temprano para construir un perfil artístico sólido y respetado. Lejos de conformarse con la etiqueta de ídolo juvenil, emprendió un camino valiente hacia la creación. Hoy, su nombre es sinónimo de un teatro comprometido y un cine con una voz inconfundible.

El ídolo que nació en 'Poblenou'

 El actor, originario de Barcelona, vio cómo su vida cambiaba radicalmente en 1994 cuando fue seleccionado para Poblenou. La primera telenovela de TV3 obtuvo unos índices de audiencia espectaculares. Su papel era el de Miquel, amigo de Martí, interpretado por un jovencísimo Quim Gutiérrez.

Miquel tuvo una trama bastante oscura al relacionarse con una serie de personajes turbios, pero consiguió salir de eso gracias a Martí y Clàudia (Cristina Brondo).

Otro de sus papeles que le hacen muy reconocible para el público catalán es el de Alexandre en 'Nissaga, l'Herència'. Allí su personaje era un rico heredero que compartía internado con Mateu Cabanilles (Marc Rodríguez). Mateu era el malo de la secuela de 'Nissaga de Poder'. Una serie para el prime time y de capítulo semanal que no acabó de funcionar. Su antecesora había dejado el listón muy alto y la desaparición de muchos personajes históricos no acabó de gustar a la audiencia. 

Además, algunas tramas se hacían repetitivas y otras, inverosímiles. Volviendo al personaje de Alexandre, estaba enamorado de Mateu y era su mano ejecutora en la mayoría de crímenes. Alexandre se lo cobraba con sexo, aunque era consciente que nunca podría obtener el amor de Mateu. Al final, acabó asesinado por el propio Mateu, quien, acorralado, se suicidó.

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La fama lo abordó con una intensidad que pocos logran gestionar a tan corta edad. Tras ese éxito arrollador, continuó trabajando en la pequeña pantalla, participando en producciones como "El cor de la ciutat". También dio sus primeros pasos en el cine, con papeles en películas como "La enfermedad del domingo" o "La vampira de Barcelona". Su rostro era una garantía de éxito y su talento, una evidencia.

La reinvención artística: del plató a la dirección

A pesar de tener una carrera consolidada como actor, Morales sintió la necesidad de explorar nuevas facetas creativas. Sentía que el éxito lo había encasillado en un tipo de personaje del que deseaba escapar. Fue entonces cuando decidió dar un valiente paso hacia la dirección y la dramaturgia.

Fundó su propia compañía de teatro, Prisamata, convirtiéndose en un referente de la escena alternativa de Barcelona.

Su trabajo como autor y director teatral ha sido reconocido con galardones tan prestigiosos como un Premio Max. Además, ha mantenido un fuerte vínculo con la Sala Beckett, un emblemático espacio de creación situado, curiosamente, en su Poblenou natal. En 2021, dirigió en una obra a su amigo Bruno Bergonzini. Ambos habían coincidido en Poblenou, dónde Bruno tuvo también su primer papel. 

Su visión del cine y el regreso a sus orígenes

Iván Morales nunca ha olvidado sus raíces obreras, un origen que impregna gran parte de su obra. El cineasta ha dejado claro en varias entrevistas que su visión artística está profundamente ligada a su barrio. Allí encuentra la inspiración y la autenticidad que busca plasmar en sus proyectos.

Su salto a la dirección cinematográfica con películas como "La desvida" o su trabajo como guionista en "El truco del manco" confirman su talento para contar historias crudas y emocionantes. Su trayectoria es un claro ejemplo de cómo un artista puede evolucionar sin renunciar a su esencia. Ha demostrado que hay vida, y mucho arte, después de un gran fenómeno televisivo.

 

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