CUP y ERC se unen a PSOE y VOX para perjudicar a catalanes en vivienda social
El pleno de Manresa vivió un episodio de alta tensión política. Sergi Perramon y el Grup Nacionalista llevaron al consistorio una propuesta clara. Querían exigir diez años de empadronamiento para acceder a vivienda pública. El objetivo era sencillo: proteger a los vecinos con más arraigo.
La moción no era un capricho, sino una necesidad evidente. El mercado inmobiliario está desbocado y los manresanos sienten la presión. Las familias que han vivido, trabajado y contribuido en la ciudad merecen prioridad. Perramon quiso garantizarles un derecho justo en un momento crítico.
Los partidos del no
Sin embargo, la propuesta se encontró con una oposición cerrada. ERC, PSC, CUP y Vox coincidieron de forma sorprendente en el rechazo. El voto negativo dejó claro que todos ellos prefieren mirar hacia otro lado. No escuchan la demanda ciudadana ni protegen el arraigo catalán.
Gemma Boix, regidora de Fem Manresa, llegó a calificar la medida de “muro”. Una afirmación que evidencia la falta de conexión con la realidad social. Lo que se necesita no son discursos vacíos, sino soluciones valientes. La CUP y ERC parecen más preocupadas por la ideología que por la gente.
La defensa de Perramon
Perramon, en cambio, defendió con firmeza la moción. Recordó que sin premiar el arraigo, Manresa se diluirá como proyecto propio. Su advertencia fue clara: la ciudad corre riesgo de descatalanización. Convertirse en un simple barrio de la periferia barcelonesa sería un fracaso.
El regidor insistió en que la propuesta buscaba reforzar la comunidad. Quería priorizar a quienes han construido la ciudad con su esfuerzo. El mensaje fue directo: garantizar vivienda para los manresanos de toda la vida. La medida no excluye, protege la identidad y la continuidad de Manresa.
La laxitud de los otros partidos
Frente a ese planteamiento sólido, la respuesta de los demás fue decepcionante. PSOE, ERC y la CUP prefieren abrir las puertas sin condiciones. Defienden regularizaciones masivas y reparten recursos sin pensar en los de casa. Vox, por su parte, demuestra incoherencia sumándose al bloque en contra.
El resultado es siempre el mismo: los catalanes quedan relegados. Mientras los políticos se llenan la boca con palabras vacías, los ciudadanos ven cómo pierden derechos. La vivienda social termina en manos de recién llegados sin compromiso con la ciudad. Esa es la consecuencia directa de tanta laxitud.
Un debate necesario
Aunque la moción fue rechazada, el debate ya está en la calle. Los manresanos sienten que se les margina en su propia ciudad. El malestar crece y la demanda de arraigo gana fuerza. Perramon ha abierto una brecha que difícilmente se cerrará pronto.
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Cada vez más vecinos perciben que el discurso oficial los abandona. ERC y la CUP, antes adalides del catalanismo, ahora parecen ciegos. Prefieren contentar a colectivos externos antes que proteger a su gente. Una deriva que amenaza con romper la cohesión de Manresa y del Bages.
El riesgo de convertirse en patio trasero
Perramon fue claro al advertir del futuro que se avecina. Manresa corre el riesgo de convertirse en el patio trasero de Barcelona. La situación de la capital arrastra a la comarca hacia la descatalanización. Y si no se toman medidas, la ciudad perderá su alma.
Los vecinos quieren seguridad, comunidad y continuidad cultural. No quieren convertirse en simples números de estadísticas migratorias. La vivienda pública debe servir para reforzar la catalanidad de la ciudad. Sin medidas de arraigo, Manresa perderá lo que la hace única.
Perramon, la voz que incomoda
Hoy, Sergi Perramon es la voz que incomoda a los complacientes. Su propuesta no fue entendida por los grandes partidos, pero resonó en la calle. Los manresanos saben que alguien defiende su derecho a permanecer. La lucha por el arraigo apenas empieza y marcará el futuro político.
ERC, CUP, PSOE y Vox han demostrado su incoherencia. Perramon, en cambio, mostró firmeza y valentía en un debate crucial. La vivienda social no puede convertirse en moneda de cambio ideológica. Debe ser una herramienta para proteger a los catalanes en su tierra.