abril 19, 2026

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Ataque frontal de Loquillo contra los artistas catalanes

Loquillo muestra por enésima vez su desprecio a la cultura catalana

Loquillo, nacido en el barrio del Clot, nunca ha escondido su carácter. El cantante de 64 años vuelve a generar polémica con declaraciones explosivas. Esta vez, sus dardos van dirigidos directamente al mundo artístico catalán. En una entrevista reciente, Loquillo presentó su nuevo disco de dúos.

El proyecto reúne voces conocidas como Raphael, Calamaro, Miguel Ríos o Alaska. Sin embargo, apenas hay artistas catalanes en el repertorio escogido por el músico.

Solo tres catalanes salvados en su nuevo disco

De todo el panorama musical catalán, únicamente participan tres nombres destacados. Miguel Poveda, Carlos Segarra y Manolo García acompañan a Loquillo en este trabajo. Son las excepciones de un disco marcado por ausencias muy significativas.

El propio cantante lo justificó con una frase que levantó ampollas: “Con su pan se lo coman”. Un mensaje claro y contundente hacia el resto de artistas catalanes. Para Loquillo, la intelectualidad catalana siempre lo ha despreciado y ahora devuelve golpes.

Ajustando cuentas con Barcelona y Catalunya

En la entrevista, Loquillo repasó los hitos de su carrera. Curiosamente, todos ellos están ligados a un sentimiento de revancha contra Catalunya. Primero, llenar Las Ventas en Madrid interpretando lo que él llama “rock barcelonés”.

Segundo, conquistar el Liceo de Barcelona con poesía contemporánea, como venganza a los intelectuales que lo despreciaron. Y tercero, presumir de haber superado a Estopa en número de asistentes. El balance deja un sabor amargo: todo parece un ajuste de cuentas.

El desprecio hacia Estopa y otros músicos

Especialmente polémicas fueron sus palabras sobre los hermanos Estopa. Loquillo recordó que en 1989 reunió 120.000 personas en Montjuïc. “Lo siento por ellos”, dijo, en referencia al grupo de Cornellà. Un dardo envenenado hacia dos artistas que nunca han renegado de Catalunya.

Su insistencia en compararse con otros músicos catalanes refleja un patrón evidente. Más que reconocer logros, Loquillo necesita diferenciarse constantemente del resto de artistas locales. Parece odiar todo lo que huela a cultura catalana contemporánea.

Una relación de amor y odio con Barcelona

El cantante asegura haber vivido su vida en Barcelona, pero no oculta resentimiento. Lamenta que el Ayuntamiento no permita abrir la Monumental para conciertos. Critica también la falta de reconocimiento al rock dentro de la cultura catalana.

La contradicción es evidente: presume de ser del Clot, pero arremete contra la ciudad. Habla de “venganza” y “desprecio” en lugar de orgullo o pertenencia. Su discurso lo coloca más cerca del rechazo que del cariño por su tierra.

El trasfondo político y cultural de su discurso

Detrás de sus palabras late una visión profundamente crítica con el catalanismo. Loquillo ha mostrado en varias ocasiones su rechazo al procés. Ahora, utiliza la música para ajustar cuentas también en el plano cultural.

Al mencionar que “la intelectualidad catalana me ha despreciado”, generaliza un conflicto personal. Extiende su enfado hacia todo un colectivo de artistas e intelectuales. La música queda en segundo plano frente a un relato de rencor y distancia.

¿Un icono rebelde o un artista resentido?

A sus 64 años, Loquillo se presenta como un rebelde eterno. Sin embargo, su rebeldía actual parece alimentada más por el resentimiento que por la creatividad. Publica un disco de dúos para cantar con amigos, pero elige excluir deliberadamente a gran parte del panorama catalán.

El resultado es una imagen contradictoria. Por un lado, presume de raíces catalanas y de haber llenado escenarios locales. Por otro, insiste en ridiculizar y despreciar a quienes representan esa misma cultura.

Un cantante que dispara contra su propia casa

Loquillo vuelve a ser noticia no solo por su música, sino por sus declaraciones. Y en esta ocasión, queda la sensación de que odia todo lo catalán. Sus palabras son dardos contra artistas, intelectuales y hasta instituciones de Barcelona.

Quizá para algunos sea un rebelde que no se calla. Para otros, simplemente un artista resentido que vive de ajustar cuentas. Lo cierto es que cada aparición suya termina confirmando lo mismo: Loquillo tiene una extraña fijación en despreciar aquello de lo que procede.

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