En liquidación: Junts se niega a hacer autocrítica y cuestiona la veracidad de la encuesta del CEO
La política catalana vive un déjà vu constante. Cuando las urnas o las encuestas no son favorables a Junts, la respuesta es siempre la misma: negar la evidencia y buscar conspiraciones externas.
El último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) ha actuado como un espejo incómodo. Ha mostrado una realidad que Junts se niega a aceptar, pero que la ciudadanía lee con absoluta claridad: su estrategia ha fracasado.
La formación del establishment procesista vuelve con la cantinela de la "cocina" demoscópica, mientras la fuerza del independentismo sin excusas consolida su subida.
El golpe del CEO es severo y merece un análisis frío. La encuesta consolida la ventaja del PSC, castiga a Junts de manera demoledoray lo aleja claramente de sus 35 escaños actuales hasta los 19-20 diputados.
Pero lo que es aún más significativo, y que ha encendido todas las alarmas en la sede juntaire, es el empate técnico con Aliança Catalana. La formación liderada por Sílvia Orriols emerge como la alternativa real, situándose en un rango similar de representación. Es gracias a una propuesta política limpia, sin ambigüedades y que confronta directamente la desorientación de los partidos de los últimos años.
Echan la culpa a la encuesta
La reacción oficial de Junts ha sido la de un niño al que le han quitado el juguete. La actitud es de un malestar interno que ha estallado en una narrativa de victimismo y paranoia. Hablan abiertamente de una "Operación Encuesta", convencidos de que el sondeo está deliberadamente sesgado para favorecer un determinado relato político.
El vicepresidente Josep Rius ha insistido en que las encuestas del CEO "nunca han acertado" con Junts y que siempre han jugado "a la contra".
Prometen "desmentir las encuestas en las urnas, como siempre", una promesa vacía que ya no convence a nadie, especialmente después de sus últimos resultados electorales.
Esta negación sistemática de la realidad es, en sí misma, un síntoma de la crisis terminal de Junts. En lugar de preguntarse por qué el electorado los abandona, señalan la muestra. Tachan de "inverosímil" la estimación de 670.000 votantes que cambiarían su voto o el millón y medio de abstencionistas que podrían movilizarse.
Pero, en realidad, Junts hace méritos constantes para ganarse este descrédito. Su política de supuestos faroles y rupturas con el PSOE es un baño de realidad que los votantes no perdonan. La ciudadanía independentista, y especialmente aquella que se abstuvo por desafección, está harta de promesas incumplidas y de la táctica de la ambigüedad.
Aliança Catalana: La única Alternativa que crece
El verdadero punto de inflexión que subraya el CEO no es la caída de Junts, sino el ascenso implacable de Aliança Catalana. El empate técnico es el reflejo de que un sector del electorado independentista, cansado de la "puta y la Ramoneta" del procesismo, busca una opción que cumpla lo que promete.
Aliança Catalana representa el orden, la seguridad y, sobre todo, una declaración de intenciones soberanista sin medias tintas.
Mientras Junts pierde peso en favor del PSC por su deriva y su incapacidad de hacer política con mayúsculas, Aliança Catalana atrae el voto desencantado. Ahora, gran parte de este voto castigador encuentra en Aliança Catalana una vía de canalización.
La «Operación Encuesta» que denuncia Junts no existe; la única operación que hay es la factura que pasa el electorado por una estrategia nefasta. Nadie en el partido se atreve a hacer autocrítica ni a señalar las malas decisiones.
Continúan instalados en la comodidad del engaño, creyendo que pueden seguir manipulando la realidad con frases grandilocuentes mientras su influencia política se desvanece.
El independentismo firme no quiere excusas ni cumbres secretas; quiere acción, claridad y respeto por la dignidad nacional. El CEO, por mucho que Junts quiera desacreditarlo, es un aviso.
El ciclo procesista se acaba, y con él, la hegemonía de quienes han jugado con la confianza del pueblo. El futuro se conjuga con el proyecto de Aliança Catalana. Un independentismo sin miedo y sin renuncias.