mayo 3, 2026

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Salvador Illa acusa a Aliança Catalana de ser el partido más caro del Parlament y esta es la respuesta de Sílvia Orriols

Varapalo de la diputada de AC contra un President que no respeta la pluralidad política

El clima político en el Parlament de Catalunya vive una tensión constante desde el inicio de la legislatura. Los equilibrios de mayorías, los pactos cruzados y la irrupción de nuevas formaciones han convertido cada pleno en un escenario donde no se discuten leyes y también legitimidades.

En este contexto, un comentario lanzado desde el escaño del president de la Generalitat ha encendido una nueva polémica.

Durante el último pleno, Salvador Illa aprovechó uno de sus turnos de palabra para lanzar un dardo directo a Aliança Catalana. Mirando hacia los escaños del grupo que lidera Sílvia Orriols, afirmó que su formación es “el grupo parlamentario más pequeño y el más caro de la cámara”.

No se trataba de una simple observación técnica sobre las cuentas de la institución, sino de un mensaje político con una clara carga deslegitimadora. Presentar a Aliança Catalana como un supuesto lujo que la ciudadanía no se puede permitir.

La frase provocó murmullos en el hemiciclo y dejó claro que Illa no sólo pretende ejercer como president, sino también marcar el marco mental del debate.

Quien cuestione la línea oficial será señalado como un coste excesivo, como una anomalía. Sin embargo, la jugada le duró poco. Porque Sílvia Orriols no tardó en devolverle el balón, recordando algo que el jefe del Govern prefería pasar por alto.

Un ataque en forma de cifra

El argumento de Illa se apoya en el sistema de financiación de los grupos parlamentarios: cada grupo recibe una parte fija y otra variable en función del número de diputados. Esto hace que las formaciones pequeñas, proporcionalmente, puedan recibir más recursos por escaño que los grandes partidos.

A partir de ahí, el president construyó su discurso. Si Aliança Catalana es el grupo más pequeño, también sería, según él, el “más caro”.

Pero este razonamiento ignora un elemento fundamental. La función de los grupos no es premiar a los grandes aparatos de partido, sino garantizar que todas las sensibilidades presentes en la sociedad catalana tengan capacidad real de trabajo político.

Los recursos sirven para pagar asesores, abogados, personal administrativo y técnicos que preparan enmiendas, propuestas y control al Govern. Señalar ese trabajo como un “gasto inútil” sólo porque proviene de una formación que incomoda al poder es una forma sofisticada de silenciar voces disidentes.

Desde la perspectiva de Aliança Catalana, el comentario de Illa es aún más llamativo si se tiene en cuenta que su grupo tiene poca estructura (de momento). El Parlament debe crear esta 'discriminación positiva' para luchar contra los partidos que sí disponen de esta estructura.

La respuesta de Sílvia Orriols: memoria y coherencia

La réplica de Sílvia Orriols no se hizo esperar. Primero, en el propio pleno, ya dejó claro que no aceptaba la etiqueta de “grupo caro”. Más tarde, lo remató en redes sociales con un mensaje que ha corrido como la pólvora entre los simpatizantes independentistas.

Orriols recordó a Illa que todo viene porque el Govern y los partidos mayoritarios concedieron un grupo parlamentario propio a la CUP. De otro modo, hoy Aliança Catalana estaría compartiendo el grupo mixto con ellos.

En su mensaje, la líder de Aliança Catalana planteaba una pregunta directa al president. “Us he de recordar que si no haguéssiu regalat grup propi a la CUP, compartiríem grup mixt? Qui ha encarit el meu grup parlamentari? Tu o jo?”.

La formulación es clara. Quien ha elevado el coste global de la estructura parlamentaria no es la presencia de AC. Es la decisión política de multiplicar grupos para contentar a determinadas formaciones afines al bloque de gobierno.

Con esta respuesta, Orriols no sólo desmonta el relato de Illa, sino que le devuelve el foco de la responsabilidad. Si el objetivo fuera realmente ahorrar, los acuerdos para crear grupos adicionales no estarían sobre la mesa.

Lo que se ha priorizado, una vez más, es el reparto de cuotas de poder y visibilidad entre los partidos tradicionales. A su vez, se intenta culpar a otros de los costes derivados de esas mismas decisiones.

El debate sobre los grupos del Parlament

Detrás de este choque hay un debate mucho más profundo sobre cómo se organiza el Parlament de Catalunya. Los grupos parlamentarios no son un capricho: determinan el tiempo de intervención, la presencia en comisiones, la capacidad de presentar iniciativas y el acceso a recursos. Decidir quién tiene grupo propio y quién no es, en la práctica, decidir quién tiene voz fuerte y quién queda relegado a un rincón del hemiciclo.

En ese tablero, Aliança Catalana ha llegado para alterar un equilibrio que los grandes partidos daban por garantizado. Son pocos escaños, pero suficientes para obligar a tratar temas incómodos y cuestionar consensos que se daban por inamovibles. De ahí que se intenten asociar sus derechos parlamentarios a la idea de un “gasto excesivo”.

Sin embargo, si hoy el Parlament tiene más grupos y, por tanto, más coste, es precisamente por las concesiones hechas para mantener determinadas alianzas.

Los mismos que firmaron acuerdos para otorgar grupo propio a la CUP —cuando podrían haberla integrado en el mixto— son los que ahora señalan a Aliança Catalana como problema contable. La contradicción es evidente.

Cuando los grupos sirven para apuntalar mayorías, el coste se considera una inversión; cuando permiten que aparezca una voz crítica con el sistema, entonces se convierten en un lujo innecesario.

Un episodio que refuerza el discurso de Aliança Catalana

Paradójicamente, el ataque de Illa puede acabar reforzando el relato de Aliança Catalana. La escena del pleno y la posterior respuesta de Orriols encajan a la perfección con la idea de que su formación es la voz incómoda a la que se intenta desacreditar.

Para muchos de sus votantes, ver a la presidenta del grupo replicar con firmeza al president de la Generalitat es la demostración de que su voto ha servido para algo. Que alguien se planta, recuerda las decisiones que se han tomado en los despachos y exige coherencia.

El “Tu o jo?” con el que Orriols cierra su mensaje no es sólo una pregunta a Illa. Es también una interpelación a la ciudadanía para que se pregunte quién está realmente encareciendo las instituciones.

En el fondo, el episodio revela una batalla por el relato. O se acepta que todas las sensibilidades, también las más críticas con el statu quo, tienen derecho a recursos y altavoz. O se asume que sólo los partidos instalados en el poder pueden permitirse un grupo parlamentario sin ser acusados de “caros”.

Y ahí la respuesta de Sílvia Orriols ha sido contundente. Si hay un problema de costes, no es por culpa de Aliança Catalana, sino en los pactos que otros han firmado para repartirse el Parlament a su medida.

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