junio 11, 2026

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Gonzalo Bernardos habla claro sobre el fallo del sistema de pensiones: ‘Los jubilados cobran…’

En estos últimos días se ha confirmado una reforma del plan de pensiones que no ha terminado de convencer a los especialistas

La economía española encadena trimestres con empleo alto y salarios recuperándose, mientras las bolsas impulsan la riqueza financiera de los hogares. Sin embargo, las brechas generacionales crecen y la vivienda asfixia a los menores de 35 años, frenando su capacidad de ahorro y cotización futura.

Esta paradoja define un presente con indicadores brillantes en superficie, pero con tensiones estructurales debajo de la línea de flotación. En ese telón de fondo se entienden las advertencias del economista Gonzalo Bernardos sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones.

Bernardos pone el foco en los incentivos y el tamaño de las nuevas pensiones contributivas

Bernardos ha sido tajante al explicar por qué la última reforma no logró el objetivo de cuadrar las cuentas del sistema. Asegura que el intento de elevar ingresos por cotizaciones y reducir el déficit no ha funcionado, porque “cada vez se jubilan más personas y las personas que se jubilan cobran más”.

Apunta, además, que “los nuevos jubilados ya cobran, de media, cerca de 2.000 euros”, un nivel que presiona el balance contributivo. “Por eso el sistema ha ido a peor”, resume el profesor, subrayando que los jóvenes “van a pagar más impuestos por cobrar menos pensión”. Todas estas declaraciones las llevó a cabo en el programa La mirada crítica de Telecinco. 

Ese diagnóstico se acompaña de una cifra que Bernardos repite para ilustrar la magnitud del desajuste. Habla de un agujero cercano a 65.000 millones de euros, pese a que las métricas oficiales ofrecen fotografías más variables a corto plazo. Organismos como el BBVA Research elevan el déficit básico del sistema en torno al dos por ciento del PIB, frente a periodos puntuales con superávit contable de la Seguridad Social. La conclusión del economista no cambia: el flujo subyacente no cubre la generosidad del gasto.

El MEI de 2026 y el efecto en nóminas: “otra medida ‘fake’”

En 2026 entrará en vigor el nuevo tramo del Mecanismo de Equidad Intergeneracional, que elevará la cotización adicional hasta el 0,9 por ciento. El reparto previsto es del 0,75% a cargo de la empresa y del 0,15% para el trabajador, con un impacto anual que podrá alcanzar alrededor de 95 euros en salarios altos. No todas las nóminas sufrirán el mismo ajuste, porque dependerá de la base y de los topes de cotización. Bernardos critica el diseño y lo tilda de “otra medida ‘fake’”, al destinarse a una “hucha” que, a su juicio, ya muestra un desequilibrio persistente.

El economista lo verbaliza con una frase que ha levantado ampollas entre los contribuyentes más jóvenes. “Para rellenar este agujero, a las nuevas generaciones les van a freír a impuestos”, sostiene, enlazando el MEI con una senda de recargos crecientes. Describe que ahora los trabajadores realizan “dos aportaciones a la Seguridad Social”, la habitual y la específica para la citada “hucha”, sin que eso garantice solvencia duradera. Su crítica apunta a la falta de reformas paramétricas que ajusten edad, cuantía y esfuerzo de manera más transparente y estable.

¿Jubilación más tarde o pensiones más bajas?

Bernardos insiste en que habrá “una gran reforma, no una fake como hizo el ministro Escrivá”, con tres vectores posibles. Elevar cotizaciones, reducir la tasa de reemplazo o retrasar la edad efectiva de retiro, siguiendo referencias europeas como Dinamarca. Recuerda que en ese país está previsto alcanzar los 70 años en 2040, un hito que en España continúa considerándose políticamente indigesto. “A los votantes no les gustan estas medidas”, admite, aunque defiende que sin cambios creíbles el ajuste recaerá, de forma silenciosa, sobre los jóvenes.

El debate no es solo contable, sino también de equidad intergeneracional y diseño de incentivos laborales. Si los salarios de entrada crecen menos que las cotizaciones, la precariedad y la demografía amplifican el déficit estructural del sistema. Ahí ancla Bernardos su mensaje, entre datos incómodos y propuestas poco populares, sobre un contrato social que necesita actualización urgente. La pregunta ya no es si habrá reformas, sino cómo y cuándo se ejecutarán para que el remedio sea sostenible.

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