La década de los noventa fue una época dorada para la ficción de TV3. Un período en el que series como Secrets de Família se convirtieron en parte de la vida de miles de hogares catalanes. Sus tramas y personajes son recordados con un cariño especial, pero tras las cámaras se esconden historias que van más allá del guion.
Una de ellas está marcada por la tragedia y el recuerdo imborrable de una joven actriz cuyo talento brillaba con una luz inmensa. Su prometedora carrera, que avanzaba a pasos agigantados entre la televisión y el teatro, se vio truncada de forma abrupta, dejando un vacío inmenso en el mundo del espectáculo y en la memoria de los espectadores que la vieron nacer como estrella.
Marta Ollé, la inolvidable Farners de "Secrets de Família"
Marta Ollé irrumpió en la pequeña pantalla con una frescura y una madurez interpretativa impropias de su juventud. En Secrets de Família, daba vida a Farners Llorenç, una joven madre soltera que luchaba por salir adelante, un personaje que conectó profundamente con la audiencia por su vulnerabilidad y su fortaleza. Pese a los problemas que tenía, siempre encontraba momentos para ayudar a los demás. Tenía una gran relación de amistad con su vecino Marçal (Joan Borràs), quien era como un padre para ella.

De la misma generación es Íngrid Rubio, que interpretaba a Marta. Marta era muy buena amiga de Farners aunque tenían caracteres muy distintos.
Aunque la televisión le dio una enorme popularidad, su verdadera pasión era el teatro, donde se había forjado. Procedente del teatro universitario, formaba parte de una brillante generación de intérpretes.
Ya había deslumbrado al público con papeles protagonistas en obras como La festa del blat, de Àngel Guimerà. Se definía a sí misma como una actriz de escenario, y su talento prometía llevarla a lo más alto del panorama artístico catalán.
Una tragedia que conmocionó al mundo de la cultura
El 30 de junio de 1996, el mismo día que cumplía veintiún años, una noticia heló el corazón de la sociedad catalana.

Marta Ollé falleció trágicamente tras precipitarse desde un tercer piso en su domicilio de Barcelona. Su novio había salido un momento para ir a comprar pollo asado para comer. El impacto en el mundo artístico fue demoledor. La noticia ocupó la portada de La Vanguardia, un hecho que demostraba la magnitud de la conmoción.
Pocos días antes, Marta había debutado en el prestigioso Festival Grec de Barcelona con la obra L'avar de Molière, dirigida por Sergi Belbel. Sus compañeros de reparto, rotos de dolor, le dedicaron la siguiente función, un homenaje sobre las tablas que tanto amaba. Su funeral en Moià, su localidad natal, congregó a familiares y a numerosas figuras del espectáculo que quisieron darle su último adiós.
El recuerdo de Marta Ollé perdura como el de una estrella apagada demasiado pronto, justo cuando su luz comenzaba a brillar con más intensidad. Su breve pero impactante carrera dejó una huella imborrable, y su trágico final nos recuerda la fragilidad de la vida. Hoy, dos décadas después, su memoria sigue viva en aquellos que la admiraron y en la historia de una televisión que la vio nacer.