Los datos que demuestran que la sustitución demográfica no es un invento de Aliança Catalana
En Catalunya, pocas discusiones han generado tanto ruido como la que enfrenta conceptos, etiquetas y emociones en torno a quiénes somos y de dónde venimos. Más allá del eslogan, cuando enfocamos la cámara en la franja clave de edad y dejamos hablar a los registros oficiales, la foto cambia el tono del debate.
Qué dicen exactamente los datos del INE
El periodista Sergi Maraña ha puesto el foco —con una captura que nos has facilitado— en una cifra muy concreta del Institut Nacional d’Estadística (INE): entre los residentes en Catalunya de 25 a 39 años, el 46,9 % ha nacido en el extranjero.
Es un dato frío, objetivo y reciente. Y añade una segunda lectura obvia: si a ese 46,9 % se le suman los nacidos fuera de Catalunya pero dentro del Estado, el resultado es que más de la mitad de los jóvenes adultos residentes no han nacido en Catalunya. No es una consigna ni una conjetura; es una proporción que se desprende del padrón y del lugar de nacimiento.
Una fotografía generacional que rompe tópicos
¿Por qué mirar la franja 25-39? Porque es el corazón demográfico que trabaja, consume, forma familias y tira de la economía. Lo relevante no es solo la presencia global de población de origen externo, sino su concentración en edades activas.
En otras palabras: el cambio no está en los extremos de la pirámide, sino en el motor. A diferencia de las olas migratorias internas de los años 60-70, hoy la punta de lanza del relevo generacional se compone, en gran medida, de población nacida fuera del país.
ℹ️ Els residents a Catalunya d’entre 25 i 39 anys nascuts a l’estranger ja se situen en el 46,9 % del total de població d’aquesta franja d’edat, segons l’Institut Nacional d’Estadística (INE).
🤔 Si sumem els residents nascuts fora de Catalunya de la mateixa franja, ningú pot… pic.twitter.com/dJikYSLlTE— Sergi Maraña (@SergiMaranya) November 12, 2025
No es un “invento”: es la suma de tres procesos
Etiquetarlo como “sustitución demográfica” puede gustar más o menos, pero la tendencia existe y se explica por la convergencia de tres dinámicas sobradamente documentadas:
Inmigración internacional sostenida en las dos últimas décadas, con picos que han coincidido con ciclos económicos y regularizaciones.
Movilidad interna desde otras comunidades del Estado hacia áreas metropolitanas catalanas, que sigue activa (aunque inferior a la de mediados del siglo XX).
Baja natalidad persistente entre la población autóctona, agravada por precios de la vivienda, precariedad y retraso de la maternidad/paternidad.
Cuando estas piezas encajan en la cohorte 25-39, el efecto es claro: el peso de quienes no nacieron en Catalunya supera holgadamente el de los nacidos aquí dentro de esa franja, y eso altera la composición de barrios, aulas, mercados laborales y, por extensión, de la vida cívica.
Sustitución demográfica
Hablar de sustitución demográfica significa reconocer que el origen de nacimiento de la mayoría relativa en edades clave ya no es catalán, y que eso condiciona políticas públicas y retos de cohesión.
Implica, por ejemplo, planificar servicios con realismo: refuerzos en acogida lingüística, circuitos educativos con apoyo intensivo al catalán, políticas de vivienda asequible que eviten guetos por precio, y un mercado laboral que no cronifique segmentaciones por origen.
Implica también actualizar la conversación cultural y lingüística: si la mayoría de nuevos vecinos en edad activa no ha crecido en una escuela catalana, la transmisión del catalán como lengua de uso debe dejar de ser un deseo y pasar a ser un itinerario exigente y medible.
Lo que no implica es caer en el alarmismo ni en relatos de conspiración. El fenómeno es demográfico y socioeconómico, no moral. La integración es perfectamente posible —de hecho, ocurre cada día—, pero requiere objetivos, recursos y evaluación. Negar el dato solo retrasa las soluciones.
Un país que cambia: oportunidad y responsabilidad
Catalunya se ha definido siempre como país de acogida. Precisamente por eso, la responsabilidad institucional y social es doble: acoger bien y conservar vivos los elementos que nos cohesionan. El equilibrio no se improvisa. Exige medir la realidad sin maquillaje, reconocer que ya hoy la juventud adulta es mayoritariamente de origen no nacido en Catalunya, y tomar decisiones que favorezcan la igualdad de oportunidades y la continuidad de la lengua y la cultura.
No es un tema para trincheras: es gestión pública. El INE no opina; cuenta. Y lo que cuenta encaja con lo que muchos barrios y empresas perciben desde hace años: el relevo generacional llega sobre todo desde fuera. Llamarlo “sustitución demográfica” o “cambio demográfico” es una cuestión semántica; negarlo es una cuestión de fe.