El mensaje de Xavier Sala-i-Martin a los que aseguran que los inmigrantes son productivos para la economía
España entra en 2025 con una economía que desafía los pronósticos más pesimistas y sorprende incluso a Bruselas. Las últimas revisiones sitúan el crecimiento del PIB en torno al 2,9 por ciento. Claramente por encima de la media europea.
Sin embargo, detrás de estos buenos datos se esconde un malestar social creciente que tiene que ver con salarios y desigualdad.
Mientras los organismos internacionales celebran las cifras macro, muchos trabajadores sienten que la fiesta no va con ellos. Los sueldos continúan por debajo de la media de la zona euro. La pérdida de poder adquisitivo todavía no se ha corregido de manera mínimamente suficiente.
En este contexto resurgen viejos debates sobre quién sostiene realmente el crecimiento y qué papel juega la inmigración en la economía española.
España crece gracias a la inmigración, pero no suben los salarios
El ministro de Economía presume de que España es una de las locomotoras de la Unión Europea en esta fase del ciclo. Una parte importante de ese dinamismo procede del aumento de la población activa gracias a la llegada constante de nuevos trabajadores inmigrantes. Más empleo significa más producción, más consumo y más recaudación para las arcas públicas.
Pero que la economía avance no implica automáticamente que los salarios suban ni que la prosperidad se reparta de forma equitativa.
Aquí entra el mensaje de Xavier Sala-i-Martin, que apunta al corazón del debate sobre productividad y migración. El economista recuerda que es cierto que los inmigrantes hacen más grande la economía y ayudan a sostener pensiones y servicios públicos.
Sin embargo, advierte de que, mientras el aumento de productividad provenga de la incorporación de inmigrantes, los sueldos medios seguirán estancados. En otras palabras, la economía crece en volumen, pero no se transforma para generar trabajos bien pagados y más cualificados.
El modelo productivo español, atrapado en sectores de bajo valor añadido
Sala-i-Martin insiste en que el problema de fondo no son los inmigrantes. Es el tipo de empleo que crea España. El país continúa apoyándose en sectores intensivos en mano de obra barata como la hostelería, el turismo masivo y ciertos servicios auxiliares.
Estos sectores absorben trabajadores con rapidez, incluidos muchos recién llegados, pero ofrecen poca formación, escaso margen de carrera y salarios limitados. Si la productividad por trabajador apenas mejora, las empresas tampoco tienen incentivos para subir los sueldos de manera sostenida.
Por eso, el economista reclama un giro profundo del modelo de negocio hacia actividades tecnológicas, industriales y de mayor valor añadido. Ese salto exige reformar a fondo el sistema educativo, invertir en capital humano y facilitar la modernización del tejido empresarial.
También implica apostar por la digitalización, la innovación y maquinaria avanzada que produzca más con cada hora trabajada. Solo así, la inmigración dejará de ser un parche coyuntural y se convertirá en un multiplicador real de riqueza compartida.
Lecciones de Francia y de la India para el futuro de España
Para entender dónde puede acabar España, Sala-i-Martin invita a mirar dos espejos muy distintos como Francia e India. Francia crece mucho menos, lastrada por una hiperregulación que ahoga la iniciativa privada y genera un entorno poco amigo de la inversión.
Es un ejemplo de cómo un exceso de normas puede frenar la innovación y convertir las reformas en campo de minas burocrático. España, advierte el economista, no debería copiar ese camino si quiere mantener el actual ritmo de expansión económica sostenible.
El otro espejo es la India, que avanza con tasas de crecimiento muy elevadas gracias a una combinación de demografía y educación. Un enorme contingente de jóvenes formados, disciplinados y creativos está alimentando una nueva ola de empresas tecnológicas y de servicios avanzados.
Allí la productividad se impulsa con más trabajadores, más conocimiento y herramientas modernas, algo que termina reflejándose en los salarios.
El mensaje de Sala-i-Martin a quienes celebran la inmigración como solución mágica es claro.
Sin cambio de modelo, el crecimiento seguirá siendo estadístico, pero no llegará realmente al bolsillo de la mayoría.