El entorno judicial de uno de los crímenes más mediáticos de los últimos años se encuentra en plena ebullición tras las recientes actuaciones en la investigación de supuestas amenazas relacionadas con la madre de Gabriel Cruz. El caso, que ya conmocionó a la opinión pública en su día, suma ahora nuevas incógnitas y personajes implicados, desvelando una trama compleja donde las sombras del pasado siguen proyectando inquietud sobre el presente.
La sombra de las amenazas: detalles de una investigación ampliada
En el epicentro de la noticia, la pareja sentimental de Ana Julia Quezada, condenada por el asesinato de Gabriel Cruz, ha pasado a ser también investigada judicialmente. La decisión ha sido tomada por el magistrado del juzgado de instrucción número 1 de Almería, a tan solo doce días de que Ana Julia deba volver a comparecer ante el juez por las graves amenazas de muerte que habría vertido contra Patricia Ramírez, madre del pequeño Gabriel.
La investigación se intensificó después de que una exreclusa, que compartió módulo penitenciario con Quezada en la cárcel de Brieva (Ávila), prestara declaración el pasado 2 de junio. Esta testigo relató haber escuchado “muchísimas, muchísimas veces” cómo Ana Julia, en tono elevado y con evidente hostilidad, lanzaba amenazas contra Patricia Ramírez desde el interior de la prisión. Según la excompañera, Quezada llegaba a afirmar que “la iba a matar” y que no descansaría hasta “quitársela de en medio”.

La preocupación de las autoridades se disparó cuando la exreclusa manifestó que, al no poder actuar directamente desde prisión, Ana Julia estaría recurriendo a terceras personas para ejecutar sus deseos. La testigo señaló expresamente a la actual novia de la condenada, una joven catalana, como la única persona en disposición de cumplir sus deseos, motivada por la fuerte dependencia emocional que mantiene con ella.
De la amistad al círculo de confianza: cómo se forjó la relación
Los orígenes de la relación entre Ana Julia Quezada y su actual pareja se remontan a finales de 2020, cuando la joven comenzó a cartearse con la interna. Lo que en principio fue un intercambio epistolar amistoso derivó, según consta en la investigación, en una relación sentimental establecida aproximadamente desde 2022. Desde entonces, la pareja habría mantenido encuentros íntimos periódicos en la prisión abulense, consolidando una conexión personal que ahora se ve empañada por las nuevas acusaciones.
La joven catalana ya había comparecido anteriormente como testigo en un proceso paralelo que investigaba supuestos favores concedidos a Quezada dentro de prisión, a cambio de sexo, por parte de un funcionario y un cocinero del centro penitenciario.

Testigos clave y presuntas amenazas directas
El testimonio de la exreclusa no ha sido el único que ha puesto en el punto de mira a la pareja de Quezada. Un tarotista, consultado con frecuencia por la joven catalana, también ha sido interrogado en el proceso. Según su declaración, la novia de Ana Julia habría compartido en llamadas telefónicas su frustración y hostilidad hacia Patricia Ramírez, llegando a verbalizar amenazas del tipo: “Te juro que me las va a pagar todo lo que está haciendo”.
Este mismo testigo añadió que, tras una aparición pública de Patricia Ramírez, la pareja de Quezada le transmitió su temor de que la relación con Ana Julia pudiera verse perjudicada por la insistencia mediática de la madre de Gabriel y que, de ser así, “se la haría pagar”.