El doctor Ramon Estruch, investigador en nutrición y salud del Hospital Clínic de Barcelona, ha puesto el foco en un fruto seco que, a menudo, queda en un segundo plano frente a otros más conocidos: el pistacho. Lo ha señalado en una entrevista en el programa Tot es mou de TV3. Lejos de ser una moda pasajera o un simple snack, Estruch defiende que su inclusión en la dieta mediterránea tiene beneficios significativos para la salud, tanto física como mental.
Según explicó, consumir unos 28 o 30 pistachos al día —el equivalente a un pequeño puñado— durante un mes puede generar efectos mensurables en múltiples aspectos del bienestar. Entre ellos, destacó la mejora del estado de ánimo, la reducción de síntomas de ansiedad y depresión, una disminución del colesterol y, sorprendentemente, una reducción del perímetro abdominal, “que es la grasa más peligrosa”, apuntó.

Los pistachos, afirma Estruch, han formado parte de la dieta mediterránea desde tiempos remotos, aunque en los últimos años han ido ganando protagonismo gracias a su versatilidad y propiedades nutricionales. Frente a otros frutos secos que se consumen habitualmente tostados o con sal, el investigador recomienda tomarlos crudos y con la cáscara, ya que eso fomenta una ingesta más consciente y lenta. “No solo están más cerca de su forma natural, sino que también suelen venir con la piel externa, que aporta beneficios adicionales”, explicó.
A nivel mental, los efectos del pistacho son igualmente prometedores. Aunque existen más estudios científicos sobre las nueces, Estruch destaca una investigación reciente en población joven en la que el consumo diario de pistachos mejoró significativamente la concentración y el rendimiento cognitivo. Pero sus beneficios no se limitan a los estudiantes: “En personas mayores, que suelen experimentar deterioro cognitivo, también se ha observado que los pistachos pueden ayudar a ralentizar ese proceso”.
En cualquier caso, el investigador subraya que estos beneficios deben entenderse dentro del marco de una alimentación variada y equilibrada. “La clave está en el conjunto de la dieta, no en un solo alimento”, insistió. En ese sentido, recomendó integrar los pistachos de forma natural, al igual que el pan o el aceite de oliva virgen extra, y no como un añadido esporádico.
Pistachos, en cualquier momento
Sobre el momento ideal para consumirlos, Estruch señala que pueden tomarse como snack a media mañana o a media tarde, pero también como parte de una comida completa. “El estómago es un bioreactor —explicó—. Lo que importa no es solo qué comes, sino cómo lo combinas y en qué momento del día lo haces”.
Además de su impacto en la salud mental y metabólica, los pistachos destacan por su perfil graso saludable. “Durante años, el consumo de grasa estuvo demonizado, pero ahora sabemos que las grasas insaturadas, como las del aceite de oliva, el pescado y los frutos secos, son beneficiosas”, recalcó. Los pistachos aportan principalmente grasas poliinsaturadas, que ayudan a mantener una buena salud cardiovascular.
El doctor Estruch también aprovechó para lanzar una advertencia sobre las dietas demasiado restrictivas, como las veganas estrictas. Aunque respeta la decisión de quienes optan por estos estilos de vida, cree que “cualquier dieta exclusiva reduce la calidad nutricional”, y apuesta por una alimentación variada, que incluya pequeñas cantidades de todo tipo de alimentos, incluidas carnes y productos de origen animal.
A la hora de elegir entre distintos frutos secos, Estruch recomienda la variedad y el disfrute. “Las almendras, las avellanas, las nueces y los pistachos tienen diferencias, pero lo importante es que cada uno elija los que más le gusten”, dijo. En su caso, reconoce tener predilección por los pistachos, tanto por su sabor como por su efecto saciante: “Tomar unos pistachos antes de la comida ayuda a no comer tanto después”.