julio 27, 2026

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Jordi Robirosa rompe su silencio desde el hospital: ‘Al oírlas…’

El mítico narrador de TV3 se emociona tras su operación y agradece al equipo médico que lo cuidó

Quien haya crecido en Catalunya con baloncesto televisado reconoce su voz al primer segundo, incluso antes de ver el marcador. Su nombre basta para que muchos recuerden finales apretadas, retransmisiones nocturnas y una forma elegante de narrar.

Jordi Robirosa es leyenda viva del periodismo deportivo catalán, la voz que convirtió cada canasta en relato y cada silencio en respeto. Su sello “apostoflant” se hizo popular sin necesitar campañas, porque nació de una manera natural de contar.

La retirada que pesa en TV3 y un adiós sin nostalgia

Hace meses anunció que colgaba el micrófono, tras cuatro décadas en antena y miles de partidos a sus espaldas. En “Tot es mou”, Helena Garcia Melero le rogó que siguiera, y él respondió con serenidad: “Sí, mujer, sí. Todo tiene su final. Helena, mi tiempo ya se ha acabado. Ya está, no pasa nada”. 

Hoy, ya jubilado, ha explicado que decidió esperar para tratar un problema de salud y evitar bajas laborales que nunca le gustaron. “No me gustaba nada coger bajas en el trabajo, por eso he esperado a la jubilación para operarme de una molesta y, hasta cierto punto, amenazadora hernia inguinal”. 

Lo que ocurrió en el quirófano y la lágrima que lo delató

El periodista ha descrito el momento exacto en que algo se le removió por dentro, ahí donde sobran focos y valen las palabras. “En la sala de operaciones, he comprendido que todas las que estaban por mí eran mujeres, lo que, creedme, me ha reconfortado”.

La emoción llegó con una imagen sencilla y poderosa, que dice mucho de su biografía y de su militancia cultural tranquila. “Y al oírlas hablar en catalán, una lágrima me ha deslizado mejilla abajo”. La frase encaja con una trayectoria que siempre defendió la lengua sin estridencias, solo con ejemplo. 

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Hubo también un intercambio breve con la cirujana, que retrata la escena con una humanidad que trasciende la anécdota. “La cirujana me ha dicho: ‘Jordi, no pases pena: todo irá bien’”. Entonces, él respondió sin dudar: “Lo sé doctora, lo sé: lloro de emoción al oíros a todas hablar en catalán’’. "Y entonces la anestesia me ha llevado por el limbo de una dulce inconsciencia". 

Declaraciones y reacciones: el catalán, la jubilación y un amor que lo sostiene

Ya en clave doméstica, Robirosa ha compartido el plan inmediato, entre alivio y ternura, que retrata su vida fuera de cámara. “Dentro de unas horas estaré en casa donde me atenderá Carina. Casi medio siglo de amor también genera ternura y su condición de experta doctora, consuelo. Eso también debe ser la felicidad”. 

Su defensa del catalán no es coyuntural, sino columna vertebral de una carrera que cuidó la lengua como herramienta y como compromiso. En entrevistas recientes, el narrador reivindicó estándares exigentes en redacciones y emisiones, coherentes con lo narrado hoy. 

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El peso de su figura se explica también con números que rara vez cuentan toda la historia, pero ayudan a dimensionarla con justicia. Más de 3.000 retransmisiones y especialización en baloncesto, desde 1985, lo convirtieron en la voz de una generación. 

A estas horas, colegas y aficionados recuerdan su estilo sin imposturas, su mirada pedagógica y la pasión por un juego que narró con respeto. Su despedida de los directos fue meditada y pública, y su cuidado de hoy confirma una ética profesional difícil de discutir. Al fin y al cabo, Jordi Robirosa no es solo un narrador: es una joya de la historia del deporte en Catalunya.

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