Dura confesión de Sergio Canales, malos recuerdos del Real Madrid: ‘Tenía tanta ansiedad que…’
El nombre de Sergio Canales convoca recuerdos poderosos, algunos luminosos y otros mucho más ásperos. Todos nos acordamos del cántabro como un futbolista que tenía una pinta tremenda, pero que terminó estancándose; y también que ha sufrido mucho. Esta vez, el propio jugador decide poner palabras donde siempre hubo silencio.
En una entrevista con la revista We Are Brave, Canales no tiembla al diagnosticar su pasado. “Yo no estaba preparado para jugar en el Madrid”, afirma con crudeza inhabitual. Explica por qué eligió Chamartín con apenas diecinueve años y una condición irrenunciable. “Fue el único que me ofreció quedarme un año más en el Racing”, recuerda. Aquella hoja de ruta saltó por los aires en una pretemporada que cambió el guion. “Mourinho me puso de titular dejando a Özil y Di María en el banquillo”.
Canales admite que quiso volver a Santander para asegurar minutos y aprendizaje real. “Yo quería volver al Racing porque quería jugar, fue todo muy rápido”, explica. Reconoce que permaneció porque su entorno le pidió aguantar el desafío imposible entonces. “Mi padre me convenció para quedarme”, relata sobre un verano sin paracaídas emocional. El propio cuerpo delataba la falta de adaptación a aquella élite implacable. “No aguantaba más de 55 minutos y mentalmente me faltaba saber sufrir”.
La ansiedad que le rompía por dentro
El cántabro dibuja un cuadro íntimo que desmonta el estereotipo del joven invencible. “Por las tardes estaba en casa con las luces apagadas, llorando en el sofá”, confiesa. La ansiedad colonizó su rutina y le empujó a conductas automáticas difíciles de reconocer. “En el Madrid tenía tanta ansiedad que merendaba pizza; no era consciente”, cuenta. El pensamiento recurrente golpeaba cada día con la misma sentencia derrotista. “Le decía a mis padres que no quería estar en el Madrid porque no iba a jugar”.
A la batalla emocional se sumó un expediente médico que marcó su trayectoria profesional. “Con 21 años ya me había roto dos veces la rodilla y los isquios”, lamenta. Cada recaída exigía ajustar mecanismos y redefinir su manera de jugar sin excusas públicas. “Cambiaba mi forma de jugar cada vez que me rompía”, admite con franqueza absoluta.
Hubo un golpe especialmente severo que casi apaga la carrera definitivamente. “Con la tercera lesión de rodilla casi no vuelvo a jugar”, admite sin maquillajes. El compromiso con la recuperación llegó a extremos poco habituales para cualquier futbolista. “Cancelé la luna de miel; se fue mi suegra con mi mujer”, ironiza entre dolor y humor.
Del adiós al Betis al presente en Monterrey
Canales también mira a su salida del Villamarín, teñida de cansancio y ansiedad. “Me fui porque dejé de ser feliz; me estaba superando y lloré mucho”, confiesa. La llamada de Rayados apareció como decisión vital antes que como simple operación deportiva. “Necesitaba otra vida, aunque fuera con el mismo idioma”, resume sobre su salto a México.
Hoy comparte vestuario con viejos conocidos y se aferra a un enfoque más humano. “No tengo muchos recuerdos de esa etapa en el Madrid; los borré porque no eran buenos”, cierra. Su relato deja una lección incómoda sobre expectativas, tiempo y cuidado de los jóvenes. No todo fracaso es deportivo; a veces, la derrota se libra por dentro y en silencio.