25 años de El cor de la ciutat: Meritxell Ané rompe su silencio sobre la pinza birmana
Hay ficciones que trascienden la pantalla para convertirse en parte de la memoria colectiva. 'El cor de la ciutat' es, sin duda, una de ellas para toda una generación de catalanes. Han pasado veinticinco años desde que el barrio de Sant Andreu se coló en nuestros hogares cada tarde.
Sus personajes se convirtieron en parte de la familia y sus tramas generaron conversaciones inolvidables. Ahora, con motivo de este aniversario tan especial, algunos de sus protagonistas se han reencontrado. En esta reunión han desvelado uno de los misterios más comentados y persistentes de la televisión catalana.
Un reencuentro radiofónico que destapó la verdad
El esperado reencuentro tuvo lugar en los micrófonos del programa 'El món a RAC1', conducido por Jordi Basté. Allí se reunieron las voces y los rostros que dieron vida a personajes icónicos de la serie. Estuvieron presentes Rubén Ametllé, el recordado Ramon 'de las olivas', y Ferran Carvajal, quien interpretó al entrañable Narcís.
También acudió Alex Rengel, el actor que asumió el reto de ser el segundo David Peris. Junto a ellos, la carismática Meritxell Ané, nuestra querida Remei, y uno de los guionistas de la serie, Lluís Arcarazo. Entre risas y recuerdos, se atrevieron a resolver la gran duda que sobrevolaba la ficción. Por fin se ha arrojado luz sobre la famosa y enigmática "pinza birmana".
La "pinza birmana": de broma de guionistas a mito popular
Durante años, los espectadores se preguntaron qué era exactamente la "pinza birmana". Esta misteriosa práctica sexual que Remei mencionaba con total naturalidad desató todo tipo de teorías. Meritxell Ané, la actriz que le dio vida, ha roto su silencio para confirmar la verdad. La "pinza birmana" nunca existió realmente fuera de la imaginación de los guionistas.
Fue una invención pura y dura, nacida en una de sus reuniones de trabajo. Lluís Arcarazo confesó que buscaban crear una práctica sexual que todos en el barrio conocieran pero que fuera ficticia. Inicialmente, barajaron el nombre de "pinza alemana", pero no tenía la misma sonoridad pícara. "La pinza birmana sonaba más guarro", admitió Arcarazo entre risas durante la entrevista.
Lo más curioso es que la broma trascendió la pantalla de una forma inesperada. El creador recordó con gracia cómo algunas personas le aseguraban haberla practicado con sus parejas. Por su parte, Meritxell Ané añadió que todavía hoy la gente la reconoce por la calle. La llaman afectuosamente "la Remei de la pinza birmana", un apodo que demuestra el increíble impacto cultural de la serie.
Más allá del misterio: anécdotas inolvidables del reparto
La conversación también sirvió para desempolvar otros recuerdos de aquellos años dorados de la televisión. Se reveló que el proyecto originalmente se llamaba 'Raval' y estaba pensado para transcurrir en ese barrio barcelonés. Sin embargo, por complicaciones logísticas, la producción se trasladó a Sant Andreu, un cambio que resultó ser un acierto.
Rubén Ametllé reflexionó sobre su personaje, Ramon, describiéndolo como el "primer y último freakie" que apareció en TV3. Por otro lado, Alex Rengel admitió la enorme presión social que sintió al sustituir a Quim Gutiérrez. A pesar del desafío inicial, con el tiempo se sintió completamente integrado y querido por el público.
El legado de 'El cor de la ciutat' sigue vivo un cuarto de siglo después de su estreno. La revelación sobre la "pinza birmana" no hace más que alimentar la leyenda de una serie que supo ser el corazón de Cataluña. Ahora que este secreto ha sido resuelto, ¿qué otras historias no contadas guardarán sus protagonistas? Sin duda, la nostalgia por volver a pasear por las calles de Sant Andreu es más fuerte que nunca.
Actualmente, el culebrón de tardes de TV3 es 'Com si fos ahir'. Ambientado también en Barcelona pero con unas tramas más realistas que 'El cor de la ciutat'. Aunque en esta última había espacio para tramas cuotidianas, no faltó espacio para asesinatos y otras tramas de gran misterio. Algo que en 'Com si fos ahir' brilla por su ausencia.