14 kilómetros de retenciones por un accidente entre dos autobuses
La jornada ha comenzado con un sobresalto monumental para miles de conductores. Un incidente inesperado ha convertido una de las principales arterias de comunicación en un auténtico cuello de botella.
El caos se apoderó de la vía a primera hora de la mañana, generando una kilométrica serpiente de vehículos detenidos. La paciencia de los usuarios se ha puesto a prueba en un escenario de parálisis casi total. Nadie podía anticipar que un trayecto rutinario se transformaría en una larga espera.
El origen de este colapso fue una colisión por alcance entre dos autobuses. El suceso tuvo lugar en la autopista B-23 a la altura del término municipal de Sant Feliu de Llobregat. El accidente se produjo en sentido Barcelona, justo antes del enlace con la autovía A-2.
Según la información proporcionada por el Servei Català de Trànsit, el impacto se registró minutos antes de las ocho y veinte de la mañana de este jueves. La imagen difundida por las autoridades mostraba la magnitud del problema en una hora punta de máxima afluencia.
Un carril específico en el punto de mira
Curiosamente, el accidente se produjo dentro del carril BUS-VAO, un espacio habilitado específicamente para agilizar la circulación. Este carril está destinado a autobuses y vehículos de alta ocupación para facilitar su acceso a Barcelona.
La ironía es que el lugar diseñado para evitar atascos se convirtió en el epicentro del caos. El siniestro obligó a neutralizar por completo este carril segregado del resto de la circulación. Las autoridades tuvieron que organizar el trasvase de los pasajeros de un autobús a otro en plena vía.
🔴 Un topada entre dos autobusos a la B-23 a Sant Feliu cap a l'enllaç amb l'A-2 provoca 14 km de #retencions
Aquest #accident s'ha produït dins el carril BUS VAO habilitat per aquests vehicles i enmig d'una retenció.
Es prepara ja el traspàs de passatgers. pic.twitter.com/egIwNebMHp
— Trànsit (@transit) September 25, 2025
Esta operación, necesaria para garantizar la seguridad de los viajeros, añadió más complejidad a la gestión del incidente. Los equipos de emergencia y mantenimiento vial trabajaron con celeridad para resolver la situación. Sin embargo, la retirada de dos vehículos de gran tonelaje es una tarea lenta y laboriosa. Mientras tanto, el resto de conductores observaban la escena con impotencia. El carril que debía ser una solución rápida se había convertido en un obstáculo insalvable durante varias horas.
El colapso de una arteria vital para Barcelona
La B-23 es una de las puertas de entrada más importantes a la capital catalana. Canaliza diariamente el tráfico procedente del Baix Llobregat y de puntos más lejanos a través de la AP-7. Un incidente en esta vía tiene consecuencias devastadoras para la movilidad metropolitana.
La colisión de los autobuses generó rápidamente un efecto dominó que se extendió por las carreteras cercanas. Las retenciones alcanzaron los catorce kilómetros, creando una barrera casi infranqueable para miles de ciudadanos.
El atasco no solo afectó a quienes se dirigían a sus puestos de trabajo en Barcelona. También impactó en la distribución de mercancías y en el transporte profesional. Las rutas alternativas se congestionaron de inmediato, extendiendo el problema a otras vías secundarias.
Las aplicaciones de navegación echaban humo buscando escapatorias que, en la práctica, no existían. La mañana del jueves quedará marcada por el colapso circulatorio provocado por este singular accidente.