Entre calas escondidas y pueblos marineros, la Costa Brava guarda rincones que sorprenden incluso a quienes la visitan cada año. En la comarca de La Selva, donde conviven playas urbanas y entornos vírgenes, hay escenarios que invitan a detenerse y contemplar la naturaleza con calma.
Estamos hablando de Tossa de Mar. Pueblo conocido por su recinto amurallado y sus calles estrechas, es uno de los destinos más emblemáticos de este litoral de Girona. Sin embargo, a escasos metros del núcleo histórico se abre un espacio menos conocido que regala una de las vistas más sobrecogedoras del Mediterráneo.
¿Cómo llegar?
El trayecto hacia Tossa de Mar es sencillo tanto en coche como en transporte público. Desde Girona se tarda aproximadamente una hora en vehículo, mientras que desde Barcelona el trayecto supera ligeramente las dos horas. La estación de autobuses de Tossa de Mar conecta con varias localidades cercanas y permite llegar sin necesidad de coche.
Una vez en el centro, basta con caminar unos minutos desde la muralla medieval hasta la cala más próxima para comenzar el recorrido. No existe un horario de cierre. Se trata de un acceso libre durante todo el año, aunque se recomienda evitar las horas centrales de verano por la fuerte insolación.
Cómo aprovecharlo y evitar colas: principales recomendaciones
Aunque la zona no registra la afluencia masiva de otras playas de la Costa Brava, conviene planificar la excursión en franjas tranquilas. Al amanecer, la luz suave crea un ambiente íntimo y las aguas permanecen casi desiertas. Al atardecer, los acantilados se tiñen de tonos dorados que invitan a inmortalizar la experiencia en fotografías.
Para quienes se pregunten cuál es la mejor época del año, la primavera y el inicio del otoño ofrecen temperaturas suaves y menos visitantes. ¿Conviene llevar calzado cerrado? Sí, especialmente si se desea bajar hasta la arena de la cala, ya que los accesos tienen tramos de roca irregular.

El sitio mejora cada día
El punto clave que cautiva al visitante se revela en la cala de Es Codolar, situada justo bajo las murallas de Tossa de Mar. Desde allí parte un mirador natural frente a acantilados abruptos que cortan la respiración por su verticalidad y por la proximidad con el mar abierto.
Este enclave, cada vez más popular en redes sociales, ha empezado a recibir más visitantes en los últimos meses. Las autoridades locales estudian nuevas señalizaciones para orientar mejor a los viajeros y garantizar la conservación del entorno, lo que hace de 2025 un año de transición para este paisaje. En los próximos años también se prevé una gran llegada de más visitantes.