La pareja del momento volvió a dejar claro que su romance respira en torno a planes sencillos y muy meditados. Esta vez, eligieron un rincón íntimo, luces cálidas, platos precisos y una banda sonora que terminó de desatar los comentarios. Nadie contó demasiado al principio, pero la pista estaba en los detalles de una story bien colocada. Lo cierto es que el piloto catalán y la creadora de contenido han consolidado una rutina que combina competición, viajes y pausas gastronómicas.
Una mesa para dos en su rincón favorito
En esa vida acelerada, un descanso a pocos minutos de casa funciona como ritual de pareja. Con las ligas aún por decidirse, el gesto dice mucho y enseña cómo cambian las prioridades cuando el foco se apaga. Las imágenes compartidas por Gemma Pinto, con un plano cerrado del sushi y un guiño musical, hicieron el resto. El fondo desveló la ubicación y los seguidores ataron cabos con rapidez, identificando la Calle Atenas como escenario de la cita y asociando el plato con la carta del local.
Las mismas stories captaron a Márquez en pose marcial, rematando una escena que parecía rodada para su archivo sentimental. El restaurante es Lamonarracha, japonés fusión de Pozuelo de Alarcón, con sala de estética pop y una oferta centrada en producto y corte preciso. Su web confirma la dirección y el perfil gastronómico, además de destacar la devoción por el atún rojo y sus combinaciones en bandejas de colores. Para una cena rápida, cercana y sin flashes, la elección encaja como un guante.
La elección tampoco sorprende si se repasa el mapa sentimental y gastronómico de la pareja. Viven en La Finca, urbanización de Pozuelo, lo que convierte este plan en un paseo controlado, casi doméstico, sin renunciar al mimo por el detalle. La comodidad del trayecto y la cocina que más les gusta explican por qué repiten con tanta naturalidad. El momento se encendió en redes, con comentarios celebrando el magnetismo compartido y el tono divertido del vídeo.
Una ruta de sushi con paradas fijas
Hubo un patrón que los fans reconocen: imágenes cuidadas, complicidad sin poses grandilocuentes y etiquetas mínimas para evitar ruido innecesario alrededor de la mesa. Entre likes y mensajes, el relato se construye con silencios y fotografías bien escogidas. Además, la pista de Pozuelo suma a una ruta que la pareja viene dibujando desde hace meses con clara debilidad por la cocina nipona. A mediados de agosto, varias crónicas los situaron en Sushi Bar Tottori, consolidando esa preferencia por barras técnicas y salsas medidas.
La tendencia no es casualidad, y confirma una afinidad gastronómica que ya funciona como seña de identidad. El registro no se limita a Madrid, porque en Barcelona también han dejado instantáneas de celebraciones con sabor japonés. El año pasado, la pareja escogió NOXE para una velada especial, compartiendo sushi y un postre muy comentado que cerró la noche con gesto romántico. Ese capítulo amplía la foto y muestra que la ruta del sushi se mueve con ellos y su agenda itinerante.