mayo 25, 2026

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La jugada que preparan ER y la CUP en las Generales: Objetivo salvar a Pedro Sánchez y a España

Autonomistas y comunistas quieren repetir una fórmula parecida a la de 'Junts pel Sí'

El independentismo vive uno de sus momentos más confusos desde el fracaso del procés. Por un lado, una parte de la sociedad de Catalunya busca cómo rehacer un proyecto nacional propio. Por el otro, los partidos que han gobernado este ciclo miran más a los despachos de Madrid que a las calles del país.

En ese clima de desorientación, las maniobras silenciosas pesan más que los discursos épicos.

Una operación de supervivencia, no de independencia

En este contexto se enmarca la jugada que exploran ERC y la CUP de cara a las elecciones generales de 2027. Una candidatura conjunta al Congreso que aglutine el voto independentista y de izquierdas en una sola lista.

Sobre el papel se vende como una forma de “liderar el independentismo” en Madrid. En la práctica, todo apunta a una operación de pura supervivencia para salvar escaños y mantener la llave de la gobernabilidad española.

La idea es sencilla. Sumar los cerca de 100.000 votos que la CUP obtuvo el 23-J a los apoyos tradicionales de ERC para convertirse en primera fuerza independentista en el Congreso, desplazando a Junts.

Hoy, republicanos y posconvergentes están empatados a siete escaños, mientras que la CUP desapareció de la Cámara baja tras haber tenido dos diputados. La candidatura conjunta permitiría a los cupaires seguir influyendo en la política española sin tener que romper su discurso municipalista a nivel local.

Pero el verdadero corazón de la operación no está en “liderar el independentismo”, sino en garantizar que el bloque que sostiene a Pedro Sánchez siga sumando. Dicho de otro modo: blindar a España frente a una posible mayoría alternativa de PP y Vox. Para lograrlo, utilitzarían el voto independentista como escudo del Gobierno actual.

ERC y la CUP: de la ruptura al colchón de Moncloa

La evolución de la CUP es clave para entender el movimiento. Aquella formación que presumía de ser la formación terrible de la política catalana, ha ido rebajando el tono hasta convertirse en socio puntual del PSC. Lo ha hecho en materias como vivienda y en pieza de un cuatripartito de facto en el Parlament junto a PSC, ERC y Comuns.

Su enemigo ya no es el Estado español, sino la llamada “derecha” y la “ultraderecha” que, a su juicio, representan Junts, Vox y Aliança Catalana.

ERC, por su parte, lleva años instalada en la lógica de la “política útil” en Madrid. Ha dado estabilidad a Pedro Sánchez en las grandes votaciones, desde investiduras hasta presupuestos, a cambio de migajas legislativas y promesas eternamente aplazadas.

Ahora, con el procés agotado y su caída electoral a la vista, busca una nueva fórmula para seguir siendo imprescindible en el Congreso.

La suma con la CUP encaja perfectamente en ese diseño: más escaños, más peso en la aritmética y un mensaje claro hacia La Moncloa y hacia el Ibex. El independentismo domesticado seguirá estando ahí para frenar cualquier alternativa de PP y Vox. No se trata de forzar una ruptura con España, sino de garantizar que España siga gobernada por el mismo bloque.

Blindar a Pedro Sánchez frente a PP y Vox

Si se mira el mapa desde Madrid, la jugada tiene toda la lógica del mundo. Con una candidatura ERC–CUP fuerte, el bloque de izquierdas se asegura un paquete de diputados “independentistas” que, en realidad, funcionan como apoyo estable al sanchismo.

Para el PSOE, es mucho más cómodo negociar con un único interlocutor dócil que con varias fuerzas soberanistas compitiendo entre sí.

Desde la óptica independentista, el resultado es demoledor. El voto que un día se movilizó el 1-O para desafiar al Estado español acabaría convertido en un simple seguro de vida para Pedro Sánchez.

El mensaje implícito es diáfano: todo vale con tal de evitar que PP y Vox sumen mayoría. Incluso sacrificar la posibilidad de construir una alternativa nacional propia.

La operación también busca arrinconar a Junts y dejar sin aire a cualquier proyecto que se plantee salir del marco español, desde posiciones más firmes.

Si ERC y la CUP logran presentarse como la “gran lista independentista” en las generales, quien se les enfrente quedará retratado como responsable de “facilitar” un gobierno del PP y Vox. El chantaje emocional de siempre, pero reforzado con un nuevo envoltorio.

El papel de Rufián y la domesticación del voto independentista

Dentro de esta estrategia, Gabriel Rufián es una pieza central. Aunque muchos militantes de ERC le acusan de ser “el mejor diputado del PSOE”, las direcciones del partido repiten que es “imbatible” en unas elecciones generales.

Los números les sirven de coartada. ERC suele obtener más votos en las generales que en las autonómicas, precisamente porque Rufián pesca en caladeros de Sumar y del PSC gracias a su estilo mediático.

La candidatura conjunta con la CUP permitiría explotar todavía más esa lógica. Una marca que se venda como radical en Catalunya, pero que en Madrid actúe como socio fiable del Gobierno de Sánchez. Para formalizar el invento, ya se barajan nombres como “ERC-Endavant”.

El resultado sería una máquina perfecta de domesticación del voto independentista: envoltorio combativo, praxis de muleta. Todo ello en un momento en que la CUP arrastra una crisis de liderazgo profunda, después de bajas sonadas y debates internos que no han resuelto qué quiere ser de mayor.

¿Salvar a España o salvar a Catalunya?

Al final, la pregunta que queda sobre la mesa es brutal en su simplicidad. Las preguntas son evidentes. ¿Para qué quiere ERC una alianza con la CUP en las elecciones generales?. Para conseguir la independencia seguro que no. 

Porque la jugada, tal como se está planteando, tiene un objetivo cristalino: salvar a Pedro Sánchez y salvar a España de una alternativa de PP y Vox. No se diseña para abrir una ventana de oportunidad nacional, sino para cerrar cualquier posibilidad de cambio de bloque en el Estado. Cada voto a esa lista sería, en la práctica, un voto para que nada esencial se mueva en España.

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