mayo 30, 2026

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La Dra. Crispín, médico nutricionista, recomienda 2 alimentos clave para controlar el apetito

Estos alimentos son sanos, equilibrados y van a mejorar nuestra salud física y mental

El control del hambre no empieza en la nevera, sino en rituales cotidianos que moldean nuestras decisiones alimentarias sin que lo notemos. A medida que cumplimos años, el cuerpo responde distinto al estrés, al sueño y a los horarios irregulares.

Esa combinación altera el apetito y empuja a picar peor, especialmente después de jornadas largas o noches inquietas. Por eso conviene revisar hábitos que, sin milagros ni sacrificios extremos, afinen las señales internas de saciedad.

Cómo actúan sobre el metabolismo y el hambre

Entre las herramientas más accesibles, dos bebidas omnipresentes ganan relevancia cuando se consumen con criterio y sin azúcar añadido. La doctora María José Crispín subraya que el té y el café pueden ayudar a controlar el apetito y favorecer un metabolismo moderadamente más activo.

La explicación es conocida: la cafeína y los polifenoles del té verde elevan ligeramente el gasto energético y la oxidación de grasas. La evidencia revisada describe efectos pequeños, pero reales cuando se integran en un patrón saludable que incluya descanso y actividad física regular. 

Los estudios en humanos ofrecen resultados heterogéneos, aunque apuntan a mejoras discretas en la percepción de saciedad y el control de la ingesta. Ensayos con café descafeinado han mostrado aumentos de la hormona PYY y menor hambre inmediata.

Ese resultado sugiere un papel que va más allá de la cafeína. En paralelo, las catequinas del té verde, sobre todo combinadas con cafeína, refuerzan la termogénesis y la oxidación lipídica de forma modesta. No hay atajos milagrosos, pero sí una ayuda complementaria cuando el estilo de vida acompaña. 

Qué dice la evidencia y dónde están los límites

Conviene dimensionar bien las expectativas para no confundir un apoyo nutricional con una solución total al sobrepeso. Las revisiones sobre cafeína y apetito recogen que el efecto existe, aunque depende del contexto calórico, la tolerancia individual y el momento de consumo.

Respecto a seguridad, las autoridades europeas consideran aceptables hasta cuatrocientos miligramos diarios de cafeína en adultos sanos. También recomiendan evitar dosis altas por la tarde para no interferir con el sueño, pieza clave del equilibrio metabólico. 

Este marco implica decisiones sencillas que marcan diferencia cuando se sostienen en el tiempo. Un café solo por la mañana suele ordenar el apetito con bastante eficacia. Un té verde a media mañana ayuda a llegar con calma a la comida principal.

Si existe sensibilidad a la cafeína, el café descafeinado y las infusiones digestivas resultan alternativas prudentes y bien toleradas. El beneficio se diluye cuando añadimos azúcar, siropes o lácteos grasos que elevan calorías y distorsionan la respuesta de insulina.

Consejos prácticos para incorporarlos

El momento importa tanto como la cantidad, porque la cafeína tiene vida media variable y efectos acumulativos en personas sensibles. Elegir granos u hojas de calidad, infusionar correctamente y priorizar preparaciones sencillas, mejora la experiencia y evita extras innecesarios.

Una rutina razonable sería café por la mañana, té antes del mediodía y descafeinado por la tarde si apetece otro ritual. Combinar estas tazas con desayunos ricos en proteína y fibra potencia la saciedad y estabiliza la curva de apetito durante varias horas. 

Hay margen para personalizar sin perder de vista la foto completa del día. Quien entrena temprano suele tolerar mejor el café, mientras perfiles ansiosos preferirán tazas menos intensas. Si aparecen palpitaciones, nerviosismo o sueño fragmentado, reduzca la dosis y priorice opciones descafeinadas. En embarazo, lactancia o patologías específicas, conviene consultar con un profesional antes de modificar rutinas consolidadas. 

Té versus café: qué elegir según tu objetivo

El café aporta más cafeína por ración y ofrece un empujón perceptible sobre alerta y rendimiento mental. Ese plus puede ayudar a espaciar tomas entre desayuno y comida, aunque no garantiza menor ingesta posterior. El té verde concentra menos cafeína y añade catequinas, dando una sensación más progresiva y sostenida en el tiempo. Quien busque suavidad y repetición controlada encontrará en el té un aliado flexible para varias pausas diarias.

El descafeinado merece mención aparte porque conserva compuestos bioactivos con impacto en señales de saciedad. Para tardes largas, resulta una opción valiosa que no compromete el descanso nocturno ni la recuperación muscular.

Al final, la elección pasa por tolerancia personal, horarios y preferencias gustativas mantenibles sin esfuerzo. La constancia con pequeñas reglas suele superar a estrategias drásticas que fracasan a las pocas semanas. 

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