Karlos Arguiñano, cocinero, y su plato favorito: ‘Esta es la receta de mi madre’
La cocina de Karlos Arguiñano no solo se caracteriza por su cercanía y sencillez, también está marcada por los recuerdos de la niñez. El popular chef vasco, referente de la gastronomía televisiva en España, ha compartido en varias ocasiones cuáles son los platos que mejor resumen su vida. Entre todos ellos, hay uno que ocupa un lugar muy especial en su memoria: la empanadilla de bonito.
Este bocado casero, tan habitual en muchas mesas españolas, se convirtió para Arguiñano en un símbolo de hogar. Según ha explicado, era uno de los platos estrella de su madre, que lo preparaba con ingredientes básicos pero cargados de cariño. La receta se transmitió de generación en generación, convirtiéndose en un clásico que él reivindica cada vez que habla de sus orígenes.
Karlos Arguiñano y una receta estrella
La empanadilla de bonito se elabora con masa fina y un relleno jugoso. El secreto está en combinar el bonito con una fritada de tomate, cebolla y pimiento, que aporta un sabor intenso y equilibrado. Una vez montadas, se cierran con un repulgue característico y se fríen hasta alcanzar un dorado perfecto. El resultado es un bocado crujiente por fuera y tierno por dentro, ideal tanto como aperitivo como plato principal.
Aunque pueda parecer una receta sencilla, Arguiñano insiste en que la clave está en la calidad de los productos. El bonito del norte, fresco o en conserva, es esencial para obtener un sabor auténtico. Del mismo modo, las verduras deben estar bien pochadas para que el relleno conserve jugosidad sin empapar la masa. En casa, su madre lo servía recién hecho, acompañado de ensalada y con el inconfundible aroma que llenaba la cocina.
Con el paso de los años, este plato ha seguido acompañando a Arguiñano. En su programa de televisión lo ha preparado en varias ocasiones, siempre destacando que, más allá de la receta, representa un pedazo de su historia personal. “La empanadilla de bonito me recuerda a mi madre y a mi infancia. Para mí es un sabor que no se olvida”, ha comentado en entrevistas.
La popularidad de este plato no se limita a la familia del cocinero. En el País Vasco y en muchas otras regiones de España, la empanadilla de bonito es una tradición en celebraciones y meriendas familiares. Su versatilidad permite adaptaciones al gusto de cada hogar. Algunos añaden huevo duro al relleno, otros prefieren un toque de aceituna, e incluso hay quienes las hornean en lugar de freírlas para aligerar la receta.
Hoy, la empanadilla de bonito no solo es el plato favorito de Arguiñano, sino también un ejemplo de cómo la cocina puede guardar recuerdos imborrables. Un sencillo bocado que une generaciones y que, en cada preparación, devuelve el sabor de la infancia.