Dos personas en un estudio de televisión con un fondo desenfocado y un contorno rojo alrededor de ellas.

Jordi Robirosa y Helena Garcia Melero: El momento más loco

Robirosa y Melero protagonizan un momento que no dejó indiferente a nadie

Hay voces que, sin proponérselo, se cuelan en la vida de millones de personas. Acompañan partidos, tardes lluviosas, celebraciones familiares o momentos de rutina. Están ahí, presentes, fieles, formando parte del paisaje audiovisual durante décadas. Una de esas voces acaba de anunciar que ha llegado el momento de decir adiós.

En medio de un gesto sereno pero cargado de simbolismo, uno de los referentes más queridos del periodismo deportivo catalán ha confirmado que cierra una etapa que ha marcado a varias generaciones de espectadores. Su estilo inconfundible, su forma de narrar —casi de conversar con el espectador— y su defensa firme de la lengua catalana lo convirtieron en algo más que un simple narrador: se convirtió en parte de la cultura popular del país.

Un hombre con expresión de sorpresa frente a un edificio con logotipos de canales de televisión.
Persona sorprendida y los estudios de TV3 | TV3, max-kegfire

Una despedida entre aplausos y emoción contenida

La noticia, difundida inicialmente a través de las redes sociales del protagonista, ha corrido como la pólvora. El revuelo no ha tardado en trasladarse a los platós de televisión y las tertulias deportivas, donde compañeros de profesión y figuras del medio le han rendido homenaje con palabras de admiración y gratitud.

Durante su reciente visita al programa Tot es mou, la reacción de Helena Garcia Melero fue el reflejo de lo que muchos espectadores sienten: incredulidad, cariño y respeto.  “No te tendrías que jubilar nunca, Jordi Robirosa. ¡No lo hagas! Pero si estás como unas castañuelas”, le espetó en directo. La respuesta, sin rodeos, marcó un cierre elegante y emotivo: “Todo tiene su final. Mi tiempo ya se ha acabado. No pasa nada.”

Edificio de TV3 con un recuadro que muestra una figura borrosa frente a un fondo con logotipos de medios.
Un rostro no visible y los estudios de TV3 | TV3, Instagram

En esa misma charla televisiva, el periodista desveló también uno de los secretos más curiosos de su carrera: el origen de su expresión más característica, “apostoflant”. Una palabra que ha quedado para siempre ligada a su figura y que, según explicó, proviene del galicismo francés époustouflant. “Mi abuelo tenía nacionalidad francesa y en casa la oía catalanizada”, recordó con naturalidad.

Un legado que va más allá del baloncesto

Durante más de 40 años, Jordi Robirosa no solo narró partidos. Narró pasiones, rivalidades, hazañas y derrotas con una voz reconocible y una mirada limpia. Fue el cronista del baloncesto catalán, el hombre que convirtió las canchas en escenarios casi teatrales. Desde el Palau Blaugrana hasta los pabellones más modestos, su presencia otorgaba legitimidad al evento.

Pero también fue un firme defensor de la lengua catalana en la televisión pública, y un referente para quienes han crecido viendo TV3. Su trabajo, siempre vinculado a Televisió de Catalunya, ha dejado una huella profunda, no solo en lo deportivo, sino en lo cultural.

Y finalmente, lo revela: la decisión que nadie quería oír

Tras décadas de retransmisiones, cientos de partidos y miles de horas de televisión, ha llegado la confirmación que muchos temían escuchar. Jordi Robirosa se jubila. Cuelga el micro. Se despide de las cámaras. Deja atrás los focos para centrarse en su familia, su mujer y sus hijos.

Con esta decisión se apaga una de las voces más emblemáticas de TV3, una figura que ha sido —y seguirá siendo— sinónimo de baloncesto, televisión pública y compromiso con la lengua y la cultura catalana. Apostoflant, como diría él.