agosto 14, 2026

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Rafael Santandreu (psicólogo): ‘La mayoría de nuestro sufrimiento no viene de…’

Una reflexión útil sobre como gestionamos nuestras emociones y los hábitos, entenderlo puede aliviar el día a día

En una sociedad donde la productividad y el rendimiento parecen estar siempre en un primer plano, las emociones quedan a menudo en un segundo lugar, generando tensiones difíciles de manejar. Cada vez escuchamos con más frecuencia palabras que describen estados emocionales, y son muchas las personas que buscan comprender lo que sienten, ponerle nombre y encontrar una salida.

En este contexto, las redes sociales se han convertido en un puente entre especialistas y quienes necesitan orientación. Entre esas voces destaca la del psicólogo Rafael Santandreu, que ofrece claves prácticas con un lenguaje claro y cercano. Su mensaje ayuda a reconocer que los momentos difíciles forman parte de la vida de todo el mundo, y que no se trata de un estado aislado que nadie más comparte.

Rafael Santandreu tiene claro de dónde viene nuestro sufrimiento

La sociedad actual está marcada por la productividad y por el perfeccionismo y el ritmo acelerado es parte de la rutina. Todo esto, empuja a fijarse estándares demasiado altos y ese impulso termina generando frustración y desgaste emocional en el día a día. Cuando se acumula, puede afectar a la salud mental y a la estabilidad personal.

El psicólogo Rafael Santandreu señala el origen de gran parte del malestar con una idea directa. Afirma que “la mayoría de nuestro sufrimiento no viene de lo que pasa ahí fuera, sino de lo que nos exigimos a nosotros mismos”. Y añade que “los seres humanos nos volvemos locos por hiperexigencias”.

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Según Santandreu, hay pensamientos que se convierten en trampas emocionales y disparan ansiedad, frustración o tristeza. Entre ellas, están las frases que se repiten habitualmente a sí mismos: “debo hacerlo perfecto”, “tengo que gustar a todos” y “no puedo fallar”. Esas exigencias, que muchos se autoimponen, sostienen la sensación de amenaza y de error constante.

El especialista subraya el papel central de las autoexigencias en la vida emocional. “La peor clase de hiperexigencias son las hiperexigencias hacia uno mismo”, resume. Y advierte: “Nos decimos que debemos hacerlo todo bien o que de lo contrario seré un fracaso”.

El consejo del psicólogo: cambiar exigencias por preferencias

Ante ese patrón, Santandreu propone un giro deliberado en el modo de hablarse y evaluarse. Recomienda pasar de una mente de exigencias a una mente de preferencias para rebajar presión. Así, sugiere: “Lo correcto sería decirse, me gustaría hacer muchas cosas bien, pero no lo necesito para ser superfeliz”.

El cambio se concreta en reformulaciones sencillas y repetibles en lo cotidiano. Plantea sustituir el “no debo” por “me gustaría” y el “no tengo que” por “prefiero”. En esa dirección, concluye: “Podemos aprender a vivir con menos exigencias y más preferencias”.

La meta no es negar el deseo de mejora, sino situarlo en un marco flexible y humano. El propio autor sintetiza el beneficio emocional de esa transición con una idea clara. “Cuanto menos te exiges, más libre y feliz te sientes”, resume como horizonte práctico para empezar a cambiar.

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